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Intolerancia a la lactosa

Intolerancia a la lactosa

Aunque mucha gente lo desconoce, gran parte de la población es intolerante a la lactosa. En el caso de España, mas del 15% padece una intolerancia a la lactosa más o menos grave, mientras que en determinados grupos étnicos, como los afro-americanos y los asio-americanos, la padecen el 75% y el 90% respectivamente.

La lactosa es el azúcar que se encuentra de forma natural en la leche. Para digerirla, el organismo precisa de la enzima lactasa que se produce normalmente en la mucosa intestinal y que transforma la lactosa en unidades más pequeñas (glucosa y galactosa).

La intolerancia a la lactosa se produce por la disminución o la ausencia total de lactasa en el conducto digestivo, lo que impide la descomposición de la lactosa en unidades más pequeñas provocando la aparición de síntomas como flatulencia, cólico intestinal y diarrea al poco tiempo de haber ingerido un alimento que la contenga. Los síntomas desaparecen entre 3 y 6 horas más tarde. Estos se deben a que la lactosa no digerida en el intestino delgado, pasa al intestino grueso y allí es fermentada por las bacterias de la flora intestinal produciendo hidrógeno y otros gases.

La causa de intolerancia a la lactosa puede ser congénita, en el que la lactasa falta desde el nacimiento, o adquirida. La intolerancia adquirida a su vez puede ser parcial o total y puede iniciarse en la infancia, adolescencia o en la edad adulta debido a una disminución progresiva de la enzima lactasa en las células de la mucosa intestinal que puede comenzar  a partir de los dos o tres años de edad o bien, como consecuencia de una agresión a la mucosa intestinal provocada por distintos agentes como son virus, bacterias, antibióticos, diarreas infecciosas, enfermedad inflamatoria intestinal crónica, enfermedad celíaca, ingesta excesiva de alcohol, quimioterapia etc.

Frente a un cuadro sospechoso de intolerancia a la lactosa lo más recomendable es hacernos un diagnóstico de seguridad, que incluya pruebas cutáneas y de laboratorio, que determine realmente si somos o no intolerantes a la lactosa y en qué grado lo somos, de esta manera el tratamiento que nos proporcionen será el más adecuado a nuestro cuadro particular.

También podemos prescindir por completo de la leche y de los productos que la contengan, ya que no existe ningún tratamiento para aumentar la habilidad del organismo para producir lactasa. Sin embargo, cuando la deficiencia de lactasa es parcial, se pueden tomar pequeñas cantidades de leche (máximo un vaso, según tolerancia) sin que se produzcan trastornos. El control a través de la dieta depende del aprendizaje de cada persona a través de ensayos de prueba y error.

Otra opción es tomar leche baja en lactosa, de reciente aparición en el mercado, o consumir yogur o queso cuyo contenido en lactosa es bajo gracias a que  las bacterias que intervienen en su fermentación se encargan de digerir gran parte de la lactosa contenida en la leche, lo que facilita su absorción intestinal, reduciendo considerablemente los síntomas propios de la intolerancia a la lactosa.

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